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By Mario _LAMANOLOCA_

UNA DE AUTOCRÍTICA A LA ESPAÑA DE CERVANTES, AZNAR Y ZAPATERO.

UNA DE AUTOCRÍTICA A LA ESPAÑA DE CERVANTES, AZNAR Y ZAPATERO.

El orgullo nacional tiene la curiosa propiedad de transmutar las vergüenzas en razones de alborozo y vanagloria.

Es como una pócima mágica capaz de convertir a la rana en príncipe, o con la que sacar a la bella durmiente de su sueño.  Hasta los más estúpidos títeres del panorama español hinchan el pecho, cual aguerridos legionarios, tras definirse patriotas de la basta  piel de toro peninsular.  O puede que sea precisamente su extrema estupidez la razón de tanto gozo.

¿Cómo se puede estar orgulloso de una nación como esta? Ni es para tanto, ni lo merece en cuestión. España es grande en muchas cosas, pero en pocas de las que podamos enorgullecernos.

Miren si no a tipejas de la catadura de la Duquesa de Alba; infrahumana aparición, de fortuna heredada a base de favores _qué favores_ y las patéticas formas caciquiles de gestión patrimonial, abaladas por otros tantos políticos de difícil dicción, como el presidente de Andalucía, Manuel Chávez, que la nombró hija predilecta, de a ver que lugar, y que solo el maligno sabe por qué motivo y razón. Miren cuantos como ella, de incalculables fortunas, bien alimentadas y engordadas en el régimen fascista que nos amansó las tripas años ha, y cuanto periodista pelotero, detrás de sus culos a ver si cae algo que llevarse a la boca. Pena me dan, llamarlos profesionales de la comunicación a tanto triste bujarrón. Que claro está que el mundo no tiembla por los malvados, si no por los que toleran a los malvados, cual bufones de traje multicolor.

Y el colmo de los colmos, días pasados, paseando y fiesteando con su tercera familia católica ya; la nietísima, directa del gran dictador, restregando su dinero manchado de sangre y muerte por su España “una y grande”, que aun es suya, como lo fue de su abuelo. ¡Qué dantesco espectáculo! Pero aquí estamos los orgullosos españolitos, dejando que la prole del degenerado dictador, que expolió y asesinó como ningún humano lo hizo en esta maravillosa España, acampe en nuestras tierras de pastos y encinas, jactándose de su asquerosa grandeza. ¡Ah, que gran orgullo!

Y no olviden a las mafias, que proliferan como en los mejores tiempos de Nápoles y la “Cosa Nostra”, pero con más políticos en nómina y más imbéciles haciéndoles la pelota.

¡Qué gran país! Los primeros, no sólo en mega anormales y mega delincuentes por metro cuadrado, si no en todo comportamiento incívico e insolidario:

Disfruten pues de la degradación de nuestro medio ambiente. Somos los “number one” de Europa en cargarnos bosques, playas y lo que nos echen. ¡Coño, que somos españoles! ¡Pero que se habían creído estos europeitos pijos! Somos los mejores en lo que sea. Y como somos los mejores, bueno y qué, pues hala, también los number one en abandono de mascotas, en atentados contra las personas, en contaminación acústica, en el mal gasto de los pocos y vitales recursos acuíferos, en desinterés por las energías renovables. Y nuestro delito favorito, los primeros en estafa y ocultación de capital a la hacienda pública.

Además, y para terminar el traje, nuestros infantes y adolescentes, herederos de lo poco que quede, se revelan con los peores resultados de nivel académico en relación con sus compañeros de la Unión Europea. Estamos que nos salimos: Somos el país donde más tarde se emancipan los jóvenes, que no es de extrañar por las dificultades que encuentran para comprarse un puñetero y constitucional techo donde protegerse de las ventiscas. Y los más curioso; a pesar de contar con una de las rentas per-cápita más bajas de toda la Unión, las nuevas tecnologías, plataformas del saber y el creciente comercio mundial, son más caras que en ningún otro estado europeo: el teléfono, internet, las llamadas móviles… Una joya de lugar, donde comer, que era nuestro fuerte, también empieza a ser mucho más caro que en el resto. Y aun nos quieren convencer de la España de grandeza y cabeza alta, aunque mucho jóvenes talentos hayan decido marcharse a países donde se invierta algo más en investigación y desarrollo, por que aquí se quitaban la miseria a ostias, además de sentir un profundo desinterés y abandono institucional, que ya tiene suficiente con gastarse la pasta en religiones y supercherías varias, que poco pan nos traen a la boca y menos a la cabeza.

Mientras tanto hay merluzos con la bandera en la gorra, tan orgullosos del país más insolidario, mafiosos, sucio, estafador y superticioso de toda la Unión Europea, que ladran a cualquiera que ose criticar nuestra esencia de bandolero montañés.

¡Qué lugar! Y parafraseando a un gran escritor español (sin que sirva de precedente la expresión); qué país y que paisanaje…

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