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By Mario _LAMANOLOCA_

TERRIBLE CUESTIÓN

TERRIBLE CUESTIÓN

Me pregunté un día de esos de mucha cerveza y poco que hacer; ¿qué haría yo si…? Me lo pregunté una y otra vez, con la misma simpleza que sorbía el  líquido espumoso. Para mi sorpresa, influenciada mi mente por más alcohol que cordura, la respuesta llegó, a pesar de los pesares. Hacer de Juez no es fácil. Y hacer de buen Juez menos aun. Aunque poco nos importa ejercer de tal mientras leemos la prensa. ¿Quién no lo hace?Un trago más de cerveza y volteé la página. Entonces me volvió a golpear el martillo; ¿qué haría yo si…?¡Joder!, que solo quiero tomarme el aperitivo.  Y sin ninguna piedad me atizó de nuevo; ¿qué haría yo si…?Tomé consciencia de que el contenido del reportaje que acaba de leer no me dejaría en paz hasta que contestara a la pregunta. Entonces acabé el tubo y pedí otro más grande   –con asa esta vez–. Falta me iba a hacer:

Volví la página atrás. Allí  estaba la imagen de la chica,  impertérrita y llena de paciencia, hermosa, con su pelo ondulado y sus ojos negros clavados en los míos. ¿Por qué tenía la sensación de que quería decirme algo? Solo era una fotografía, pero su penetrante mirada  parecía atravesar el papel. Era como un fantasma atrapado tras un espejo.¿Qué haría yo si…? –oí de nuevo en mi cabeza.En un acceso cuasi esquizoide intenté imaginar su voz. Y al parecer lo hice tan bien que, de repente, como un soplo de viento en mitad de la calma, la pregunta que  yo mismo me había repetido varias veces  mientras miraba su fotografía se la escuché a ella.¿Qué habrías hecho tú si…?Un escalofrío me recorrió la columna. Quise cerrar la revista. Pero no lo hice. Deseé olvidar todo lo que había leído. Pero sabía que eso era imposible. Y entonces me dejé llevar. Necesitaba dejarme llevar. Tenía que dejarme llevar para que aquella hermosa chica, que ya estaba muerta, me dejara en paz.Cerré los ojos e imaginé que habría hecho yo si…

Solo tenía 19 años, pero ya había visto cosas que ningún ser humano debería ver. A los 16 se apuntó como cooperante en la Media Luna Roja _el equivalente en occidente a la Cruz Roja_ Era una chica alegre, buena hija y le gustaba ayudar a los demás. Acompañaba a los médicos en las tareas de cura y atención a enfermos, se desvivía por los ancianos, socorría en accidentes. Hasta ahí todo normal, pero el horror y la angustia llegaron cuando cumplió los 18  y empezó a atender a los heridos de bala y explosiones en las refriegas con el ejército Israelí.La chica alegre, altruista, buena con su prójimo y amante de la familia, poco a poco, tiroteo tras tiroteo y muerto tras muerto, empezaba a perder la sonrisa, aunque jamás las ganas de ayudar. Palestina era su tierra y los palestinos su pueblo. No entendía muy bien todo lo que implicaba el conflicto; sus orígenes, su trayectoria. Sólo esperaba que todo se resolviera algún día. Mientras tanto, y cuando fuera preciso, seguiría atendiendo agujeros de bala después de salir de estudiar.

Un triste y lluvioso día tuvo que arrastrar hasta una ambulancia el cadáver de un niño de 10 años. Lo hizo sin ayuda, delante de los militares israelíes, que la amenazaban con los fusiles. La sangre del niño, que aun brotaba silenciosa, le empapó el peto. Tenía una piedra en la mano. Esa era su única arma. Un soldado novato y asustadizo había acabado con su vida.Poco después, asediados y desarmados en un callejón, vio como moría un padre y su hijo por el disparo de un tanque. El padre sólo pretendía llevárse al niño a casa. Pero se vieron envueltos en una refriega y el trágico final se precipitó en cuestión de segundos, carbonizando los dos cuerpos indefensos contra la pared. Tras pocas semanas de calma una niña fue abatida desde un puesto de control israelí. Apenas había cumplido los 9 años. Se dirigía a la escuela mochila a la espalda. Los soldados dijeron que la confundieron con un Kamikace. Lo peor no fue que la muerte pudiera haberse debido a un error de identificación, si no que la niña presentó una herida en el cráneo a quemarropa. Las investigaciones aclararon que fue, simple y llanamente, rematada como un perro rabioso. Un golpe devastador.

Nuestra protagonista cumplió los 19 años viendo la muerte y el horror a su alrededor como algo habitual. Y las cosas iban de mal en peor, sin posible solución.

Varios meses después, en un centro comercial israelí, una chica de grandes ojos entró en la zapatería con el rostro perlado de sudor. Se sentó en mitad del local y observó que estaba lleno. La gente hacía sus compras y ella los miraba con los labios temblorosos. La dependienta se percató de que algo no iba bien. ¿Qué le pasaba a aquella chica? Se acercó a ella y le preguntó por su estado. Entonces la muchacha se levantó de la silla y se quedó mirando a la dependienta con un delirante gesto de pánico. Derramó una lágrima y abrió desmesuradamente la boca. Pero no emitió ningún sonido.La dependienta, como si hubiera sido capaz de leerle el pensamiento, supo lo que estaba apunto de pasar. La chica tenía una bomba adosada al cuerpo. Con un gesto de horror retrocedió un paso. Pero antes de que pudiera advertir del peligro a la gente que compraba plácidamente en la tienda, la muchacha palestina corrió hacia la puerta. Intentó salir del local. De forma desesperada y para sorpresa de la dependienta, la suicida quiso minimizar el daño huyendo a la calle. Pero la bomba hizo explosión justo cuando su mano agarró el pasador.Todo había terminado.La dependienta sobrevivió y pudo contar lo que escribo. Siete personas murieron; entre ellos la chica de 19 años, que no era otra que nuestra protagonista, cooperante de la Media Luna Roja.Una vida joven, deseosa de ayudar a su prójimo, buena con los desvalidos, pero desviada hacia el oscuro camino de la autodestrucción y la venganza. ¿Por qué?La familia de la muchacha, entre llantos, contó que nada sabía de sus intenciones. Solo habían observado que estaba muy deprimida desde que la policía les notificó el fallecimiento de su hermano mayor, consecuencia de un explosión de un misil israelí en un  asesinato selectivo. Su hermano no era el objetivo, simplemente estaba en un mal lugar. Fue, lo que ahora llaman, una víctima colateral.Con 19 años había visto cosas que nadie debería haber visto. En plena ebullición de la personalidad, asistió día tras día a lo que ella percibía como una terrible opresión hacia su pueblo, al asesinato de niños, a la humillación de los fuertes sobre el débil…¿Recordáis con la intensidad que se vive cada momento de tu vida con 19 años? ¿Os hacéis una idea de que debe sentir un adolescente en el lugar de nuestra protagonista? ¿Qué habría hecho yo si…?¿Qué habrías hecho tú si…?Ella se arrepintió en el último instante. Corrió hacia la calle. Pero ya era tarde.Aunque siempre amó al prójimo, mató y murió empujada por un dolor que pocos, quizá ninguno de nosotros, podemos entender.¿Qué habría hecho yo si…?Y bebí la cerveza de un trago. Después quise olvidar. Pero no la olvidé. El reportaje del que os hablo lo leí hace tres años, y aun puedo ver la cara de la chica.¿Qué habría hecho yo si…? 

 

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